domingo, 11 de marzo de 2012

ENTREVISTA AL CIENTÍFICO MANUEL LOSADA EN EL MÁLAGA HOY


Manuel Losada Villasante: “Desechen el ‘no hay nada que hacer’ y vivan el ‘todo está por hacer”

Por Juan Luis Pavón. Foto: Vargas
El primer andaluz con el Príncipe de Asturias de Investigación Científica critica la degradación moral de la sociedad, la universidad y la política.  “La endogamia ha llevado a la corrupción”.

Desde su domicilio se ve  la sede del poder ejecutivo andaluz, el Palacio de San Telmo. En su despacho, con sus hitos y sus recuerdos de 82 años de vida, como la foto junto a su maestro, el Nobel Severo Ochoa, o el diploma de concesión en 1995 del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, a cada pregunta sobre la Andalucía de los últimos  treinta años le aplica el análisis desde su perspectiva biográfica convertida en memoria histórica. La del niño de una familia de nueve hermanos, que dormía en verano encima de los sacos de trigo para que  no los  robaran, en una Carmona tan hermosa y entrañable como atrasada, y, en lugar de conformarse con ser de mayor un farmacéutico que no sale de su pueblo, se convirtió en el científico de referencia a nivel mundial en el estudio de la fotosíntesis.
-En su Carmona natal se fraguó el Estatuto. ¿El espíritu del 28-F es suficiente para perpetuar una identidad política andaluza?
-Andalucía  tiene raíces más profundas que el resto de las regiones españolas, gracias a la riqueza de su poso cultural, aportado por todos los pueblos que a lo largo de la Historia la hicieron suya.  La agricultura sigue dando identidad a Andalucía,  gracias a la aplicación de investigación y ciencia. Así ha ocurrido en Huelva, Almería, etc.
-Los políticos usan de continuo en sus discursos la palabra innovación.  ¿Nace o se hace?
-El buen profesor en la escuela es el origen y palanca de todo innovador. A mí, hace 70 años, me despertó el interés por la ciencia una maestra, Isabel Ovín, recabada por mi padre para que los mejores niños del pueblo  descubrieran el latín, el griego, las matemáticas, la física. Dábamos las clases en el patio, en la cocina, en la camilla, donde fuera. Gracias a esa magnífica preparación, pudimos ir a Sevilla para hacer el bachillerato. En la capital nos miraban por encima del hombro. Pero todos sacamos matrículas de honor gracias a las magníficas  raíces de nuestra formación.
-Se ha invertido mucho en educación, pero la escolarización masiva y la erradicación del analfabetismo han dado paso a un altísimo índice de fracaso escolar.
-Las familias también tienen su parte de responsabilidad en la crisis moral. Están malcriando a los niños, de tanto mimarlos. Al no esforzarse, su capacidad cerebral se atrofia. Desde la edad de guardería, hay que vacunar a los niños respecto a los graves defectos de la sociedad actual. Acostumbrarlos a trabajar. A tener ambiciones sanas. A ser austeros. Y abrirles horizontes. La sociedad andaluza tiene que hacer examen de conciencia. Vivimos en un lugar privilegiado del planeta, donde se puede disfrutar de la vida con pocas cosas. Las esenciales. Y una de ellas son los libros. Comiencen por ahí…
-¿Los políticos que han construido la autonomía, contaron con figuras como usted para asesorarse?
-Muy pocos eran conscientes de la importancia de la ciencia. Estaban desbordados por dar nacimiento a una Administración andaluza. Ahora, los políticos sí están más sensibilizados. Es una pena que no se aprovecharan aquellos años para dar un gran empuje a la ciencia. Me parece que fue Antonio Pascual, en su etapa de consejero de Educación, quien más fuerza hizo  para fortalecer la actividad científica. Ahora sí hay producción científica en Andalucía. Y no solo en Sevilla y Granada.
-Usted se fue en 1954 a Alemania, y después a EEUU, para dar un salto en su carrera, y volvió. ¿Volverán los investigadores jóvenes que ahora hacen las maletas por falta de oportunidades en su tierra?
-Salir al extranjero es fundamental para formarse. Como mínimo un año y como máximo tres. Porque si permaneces más tiempo, te quedas en el país que te ofrece mejores medios y condiciones. Cuando me fui en tren a Alemania, compré en la estación el libro El español y su complejo de inferioridad, del psicólogo López Ibor. Años después, me decían otros catedráticos: “Losada, ¿cómo dejó EEUU y se fue a Sevilla si allí no hay nada que hacer”.  Y mi respuesta fue: “Aquí está todo por hacer”. Es lo que deben interiorizar los jóvenes de hoy. Desechen el pesimismo y vivan el reto.
-¿Cuál es el nivel actual de las universidades andaluzas?
-Han dado un bajón tremendo porque se han masificado y acomodado. Ojo, la universidad no tiene que ser para los hijos de familias privilegiadas, sino para los que lo merezcan por codos y por cerebro. Y nada de regalar aprobados como se hace ahora.
-¿Dónde está el origen de eso?
-La endogamia es uno de los primeros síntomas de la degradación. Uno tiende a la comodidad. De ahí pasa a rodearse de los que te deben favores. Protege y es protegido, y se siente fuerte. Se crea un círculo vicioso. En Estados Unidos lo tienen clarísimo: prohibido comenzar una carrera de profesor en la universidad donde se ha estudiado.
-¿La corrupción es una epidemia?
-El despilfarro y la inmoralidad que se está viendo con el escándalo de los ERE no son cosa de ayer, ha tenido su periodo de incubación en el seno de la sociedad. Y lo veíamos venir. Se estaba produciendo una degradación de los políticos, de cómo utilizaban el dinero. Lo mismo ha pasado en el Gobierno andaluz. Se ha ido imponiendo lo cómodo. Ni yo te voy a pedir a ti muchas cuentas ni tú a mí. Los mandados se sienten más cómodos cuando los que mandan no les exigen nada. Eso corrompe rapidísimo y se produce una endogamia. Corrupción por protección del fuerte al débil, y del débil al fuerte. La solución es renovación continua. Aprendamos del organismo humano. Las proteínas están en continuo recambio.
-¿Qué recorte sería saludable?
-Con un buen canal de televisión, sobran los demás. El 80%  de la programación es mala. Ahora que no hay dinero, ahorremos el gasto en mala televisión.

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