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jueves, 11 de septiembre de 2014

CAPÍTULO 68 DE RAYUELA EN LA VOZ DE JULIO CORTÁZAR



Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

domingo, 26 de agosto de 2012

VALORACIÓN DE JOHN FORD DE 'LAS UVAS DE LA IRA'


Me gustó y nada más. Había leído la novela –que era buena– y Darryl Zanuck tenía un buen guión basado en ella. Me atraía todo: que tratase de gente sencilla y que la historia se pareciera al hambre de Irlanda, cuando echaron a la gente de las tierras y los dejaron vagabundear por los caminos para que se muriesen de hambre. Quizá tuviera que ver con eso –parte de mi tradición irlandesa–, pero me gusta la idea de esa familia que se marchaba, y trataba de encontrar un camino en el mundo (…) Gregg Toland trabajó estupendamente en la fotografía, cuando no había nada, pero nada que fotografiar, ni una sola cosa bonita, siquiera una buena fotografía. Le dije: “ Parte quedará negra, pero vamos a fotografiar. Vamos a correr un riesgo y hacer algo que resulte distinto”. Salió bien.
[Después comentará el final, si había planeado que Henry Fonda se marchara.] Era el final lógico, pero queríamos ver qué diablos pasaba con la madre, el padre y la chica; la madre tenía un pequeño soliloquio que estaba bien. (Bogdanovich, P. John Ford. Madrid: Fundamentos, 1971, p. 79).

EL ORIGEN DE 'LAS UVAS DE LA IRA'


CRÍTICA:FERIA DEL LIBRO DE MADRID

El origen de 'Las uvas de la ira'

  • John Steinbeck
En 1936, 26 años antes de conseguir el Nobel de Literatura, John Steinbeck publicó siete reportajes sobre el éxodo a California de los granjeros arruinados del Medio Oeste que prefiguraban la que habría de ser su novela más universal, publicada en 1939 y con la que obtuvo el Premio Pulitzer.

John Steinbeck escribió en el verano de 1936, por encargo del diarioThe San Francisco News, siete reportajes sobre la emigración a California de los granjeros del Medio Oeste arruinados por una sequía bíblica que, inexplicablemente, estaban inéditos en España. Ahora los rescata Libros del Asteroide en una cuidada edición con un espléndido y documentado prólogo de Eduardo Jordá.
Si Las uvas de la ira (escrita en 1939) es la obra del Nobel norteamericano que mejor encarna su preocupación social, Los vagabundos de la cosecha se puede considerar su versión en miniatura. Estos reportajes, escritos con un estilo desnudo y claro, permiten mirar a"Las uvas..." como a algo más que una novela. Ponen en evidencia que Steinbeck bebió directamente, no tan sólo de su propia experiencia (fue recolector de fruta en su juventud), sino de los personajes y los casos reales que conoció para escribir estos textos, que son periodísticos sin perder por ello el aliento de la buena literatura. El que había de ganar el Nobel en 1962 ya conocía el sabor del éxito tras la aparición de Tortilla Flat, en 1935. Y en 1936, poco antes de elaborar los reportajes, publicóEn lucha incierta, en la que relataba una huelga de jornaleros en una granja de California.

El Tom Joad protagonista

de Las uvas de la ira (por siempre asociado al rostro atormentado de Henry Fonda en la película de John Ford de 1940) pudo ser cualquiera (o una mezcla de varios) de aquellos miles de inmigrantes de Oklahoma Kansas o Tejas, conocidos comookies, que perdieron sus granjas por la presión combinada de la Gran Depresión, las catastróficas tormentas de polvo que destruyeron las tierras de cultivo y la voracidad de los bancos. Steinbeck los conoció mientras se documentaba para sus reportajes con la ayuda de Tom Collins, director de un campamento de acogida (inspirador claro del Jim Rawley de Las uvas...) en el que se trataba a estos "vagabundos de la cosecha" como a seres humanos. Más allá de sus límites, los okies eran considerados como sucias e ignorantes bestias de carga de las que no se podía prescindir pero a las que se despreciaba y maltrataba impunemente.
California, el paraíso de fruta y miel, la tierra prometida para aquellos desheredados había sido ya el destino de miles de inmigrantes chinos, filipinos y mexicanos a los que se explotó sin piedad y a los se terminó expulsando cuando empezaron a dar muestras de rebelarse o, si no tanto, de querer organizarse para defender sus derechos.
Era fácil mirar para otro lado cuando las víctimas no eran norteamericanos de pura cepa. Pero ser blancos y ciudadanos de Estados Unidos no salvó a los okies, que también tuvieron que soportar salarios de miseria, condiciones infrahumanas de vida, odio y marginación. Eso fue lo que Steinbeck puso por escrito, en reportaje y novela, y lo que Woody Guthrie cantó, después de subirse con su guitarra al techo de un tren rumbo a California.
Los vagabundos de la cosecha se completa con una serie de fotografías de época, la mayoría de ellas de Dorothea Lange (1895-1960), contratada especialmente por una agencia del Gobierno para plasmar en imágenes ese éxodo sin precedentes. Muestran campamentos improvisados, camionetas destartaladas, grupos familiares y escenas cotidianas de un dramatismo fuera de lo común. La imagen que titulóMadre emigrante se convirtió en símbolo de la Gran Depresión.
Como señala Eduardo Jordá al final de su prólogo, al leer los reportajes de Los vagabundos de la cosecha, escritos hace 70 años, "una cara flaca y oscura se apodera de nosotros. El fantasma de Tom Joad no ha abandonado esta tierra".

LOS VAGABUNDOS DE LA COSECHA

John Steinbeck
Prólogo de Eduardo Jordá
Fotografías de
Dorothea Lange
Libros del Asteroide
Barcelona, 2007
92 páginas. 13,95 euros

viernes, 18 de noviembre de 2011

HISTORIAS DE LA PALMILLA EN LA REVISTA EL OBSERVADOR

EL OBSERVADOR les ofrece los dos primeros capítulos del libro con el que Antonio Villanueva presenta la realidad olvidada del barrio más castigado de la ciudad

17/11/11. Sociedad. Antonio Villanueva es el responsable de asuntos jurídicos, policiales y penitenciaros de la Casa de la Buena Vida de la Palmilla. Es licenciado en Derecho y realizador audiovisual. Desde hace años convive y trabaja para los que componen el último eslabón de la sociedad malagueña: toxicómanos, presidiarios, enfermos… Fruto de esas vivencias es ‘Historias de La Palmilla’. Una obra necesaria para entender el patio olvidado de la ciudad, un libro del que hoy EL OBSERVADOR /www.revistaelobservador.com adelanta los dos primeros capítulos.

TODO lo que cuenta Antonio Villanueva en ‘Historias de La Palmilla’ es cierto. Son vivencias propias, personales, que han tenido lugar en los últimos años en los que este malagueño ha hecho del barrio más castigado de Málaga uno de sus lugares de trabajo y casi que su segundo hogar. ‘Historias de La Palmilla’ es un perfecto ejemplo de eso que los norteamericanos denominaron non ficcion literature, y se acerca al concepto de periodismo humano. Villanueva cuenta lo que ve, lo que ocurre, como un espejo. Lo hace con un lenguaje que no puede ser otro que el de la calle, el de una cotidianidad en la que la cárcel, la droga y la muerte están presentes como vecinos de carne hueso.

CON ‘Historias de La Palmilla’, EL OBSERVADOR inaugura un nuevo proyecto de ediciones digitales con el que se pretende difundir y poner al alcance del público obras de interés ciudadano en formato electrónico, libros que posteriormente pueden ser editados en su formato tradicional en papel.

viernes, 4 de enero de 2008

MERCEDES FÓRMICA. ¿LA FEMINISTA DE FRANCO?

Como una feminista paradójica y aparentemente contradictoria ayudó a cambiar el signo de su tiempo y luchar por los inexistentes derechos de la mujer durante la década de los 50s en la España de Franco.

Mercedes Fórmica Corsi es hoy un borrón en la historia de España.

De familia burguesa, nacida a principio del siglo XX en Cádiz, pasa la Guerra Civil en Málaga ‘muerta de miedo’

Se licencia en Derecho en la Universidad de Sevilla acompañada de una ‘doña’ pues era la única mujer inscrita, no pudiendo ingresar en el cuerpo diplomático por ser reducto de varón.

Mercedes aparte de una mujer excepcional fue una excepción. Las mujeres durante los primeros años del franquismo poseían la exquisita categoría de muebles.

Yo conocía a la jurista pero el director José Luís Bravo fue el que me puso sobre la pista de la escritora cuando recibió una ayuda en el programa de la Unión Europea Mediscript para adaptar la novela más famosa de La Fórmica ‘Monte de Sancha’.

Novelista, historiadora y jurista

La extraordinaria fotógrafa austriaca Inge Morath, futura esposa del dramaturgo Arthur Miller, recibe el encargo de Robert Capa para la Agencia Magnum, de fotografiar a una abogada que defendía, en pleno franquismo, los derechos de las mujeres separadas o maltratadas.

La abogada era Mercedes Fórmica

Rara avis

Falangista desde el mitin fundacional que escuchó por la radio en 1933 hasta su muerte. Amiga de José Antonio y colaboradora habitual de Pilar Primo de Rivera

Tras la Guerra Civil se convierte en una de las tres mujeres que ejercen la abogacía en Madrid reivindicando sin descanso la incorporación de la mujer al mundo laboral, así como la igualdad de derechos civiles entre hombres y mujeres.

La dictadura franquista la deja hacer entre la indiferencia y la hostilidad. Pero el hecho de ser una intocable por su origen falangista hace que no se vea en la necesidad de exilarse o acabar en la cárcel.

Francisco Franco fue un cabo cuartelero que convirtió a todo el país en un cruel, triste, y aislado cuartel. Pero necesitó darle cierto ornamento al fortín e hizo suya la estética de la Falange JoseAntoniana a la manera del fascismo italiano.

Confundir el pensamiento de José Antonio con los intereses de la extrema derecha es algo que llega a pudrir la sangre’ manifestaba contrariada La Fórmica.

Se convierte en una asidua escritora en prensa, y es en un periódico donde se produce el punto de inflexión.

La Fórmica publica en 1953 en el diario ABC un vehemente artículo tras el apuñalamiento de Doña Antonia Pernía a manos de su marido. Después de aguantar lo indecible esta pobre mujer recibe doce cuchilladas de su marido tras intentar separarse y darse cuenta que si lo hacía perdía su casa, sus posesiones, sus hijos...

Antonia Pernía se convierte en la Ana Orantes de su tiempo.

‘El Domicilio Conyugal’ que así se tituló el artículo del ABC (que pasó un tiempo en manos de los censores antes de publicarse) provocó una tremenda controversia a favor y en contra de las tesis de la Fórmica.

La redacción del periódico se inunda de cartas, algunas mujeres se atrevieron a hablar en público de los malos tratos que recibían y se inicia un debate para la reforma de la Ley.

De dicha campaña se hace eco la prensa internacional. Aparecen artículos sobre ella en diarios como New York Times y Daily Telegraph o en la revista Time. La revista Holliday la incluyen entre las cuatro mujeres más destacadas en el mundo.

Frente a la figura del Depósito Marital La Fórmica contrapone la figura del domicilio conyugal. En aquella España franquista la vivienda familiar se definía como la casa del marido. Si la mujer osaba pedir la separación debía abandonarla y se la depositaba en la casa de sus padres o en un convento, quedándose a su vez sin dinero y sin su bien más preciado: la guarda de sus hijos.

La reforma del Código Civil no se produce hasta 1958, dándole el nombre de la Reformica, tanto por el apellido de su impulsora como por la limitación de los avances que allí se recogían.

Se dice que tal reforma (parca pero reforma) social y legislativa vio la luz tras persuadir al Dictador en una conversación en la que Mercedes Fórmica busco la empatía de Franco para con las mujeres recordándole que él también era hijo de mujer separada y abandonada.

Su biógrafo, el torremolinense José Luís Olivares, me comentó que Mercedes le recordaba en su manera de hablar y en su energía a...Magdalena Álvarez... ¡Que esté tranquilo todo el mundo!, fue un comentario inocente y me lo dijo cuando la Señora Álvarez era Consejera de Economía del Gobierno Andaluz y el único Ave que había salido de sus labios era el Ave María. En los tiempos que corren es casi peor que te comparen con Magdalena que te anatemicen como falangista.

Otros la compararon con la cineasta alemana Leni Riefenstahl, otra rompemoldes.

Despreciadas por los nuestros, ignorada por los suyos. Recibe por recompensa el ninguneo de la democracia española.

Si hoy en día hombres y mujeres somos 'iguales' en derechos y obligaciones mucho le debemos a esta indomable mujer, una ‘voz en el silencio’ como se autoproclamó ante su biógrafa Rosario Ruiz Franco, que consiguió abrir una brecha en el franquismo y con ello salvar cientos de vidas de mujeres.

Falleció víctima de la enfermedad del Alzheimer en Málaga en abril del 2002 a los 86 años de edad.

Sin duda es injusto el título de este post, La Fórmica no fue la feminista de nadie, ni suya siquiera. ‘Pero no mía, ni de Dios, ni de nadie. Ni tuya siquiera’. Poema de Agustín García Calvo