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lunes, 17 de noviembre de 2014

LA RAZÓN QUE LLEVÓ A ANTONIO BASAGOITI A DEJAR LA POLÍTICA SEGÚN EL CONFIDENCIAL.COM

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La verdadera razón que llevó a Basagoiti a dejar la política



  • http://www.elconfidencialautonomico.com/muy_confidencial/verdadera-llevo-Basagoiti-dejar-politica_0_2381761825.html
Tras un mal resultado en las elecciones vascas de 2012, Antonio Basagoiti dejó la presidencia del Partido Popular autonómico y se marchó a México a trabajar para el Banco Santander. Basagoiti puso fin a 18 años de carrera política, primero en el ayuntamiento de Bilbao y más tarde en el Parlamento Vasco. Un año y medio después de su marcha, uno de sus más estrechos colaboradores ha relevado algunas claves de su salida de la presidencia del PP vasco. En una entrevista para la revista Jot Down, Iñaki Oyarzábal -que fue su número dos en el partido- lamenta que antes, cuando los concejales no nacionalistas resistían mientras ETA los iba asesinando, “en el resto de España nos reconocían el valor y nos elogiaban”. Sin embargo, Oyarzábal asegura que a los políticos del PP vasco -sobre todo tras la salida de María San Gil- “ahora en Madrid algunos han llegado a insultarnos por la calle. Por eso se ha ido Basagoiti”. Según Iñaki Oyarzábal, personas como Santiago Abascal, ahora presidente de Vox, y gente “de la derecha mediática madrileña” “van dando lecciones de patriotismo, pero no nos hemos pasado la vida luchando contra el nacionalismo en el Pais Vasco para que ahora tengamos que aguantar un nacionalismo español, o madrileño […] Para mí lo coherente esdefender nuestra postura en el País Vasco, no hacer declaraciones para que nos aplaudan en el barrio de Salamanca. Siempre he querido hacernos entender allí. El nivel de rechazo que provocábamos era brutal”. Todo este conflicto interno y las diferencias entre un sector del PP en Madrid y la dirección vasca habrían empujado a Basagoiti a abandonar la política y la presidencia de los populares del País Vasco.

domingo, 4 de abril de 2010

ENTREVISTA A IÑAKI AZKUNA EN EL DIARIO EL PAIS

La decadencia absoluta de la clase política en comunidades autónomas como la andaluza(es en la que resido) y otras, no se produce en el País Vasco.Sin duda ,la barbarie de ETA ha forgado una generación de políticos de auténtica talla moral en casi todos los partidos.
Basagoiti en el PP,Rodolfo Ares,Eduardo Madina o Patxi López en el PSOE, Rosa Díez en UPyD ,Iñaki Azkuna o Josu Jon Imaz(quizás el político español de más valía ,un potencial Barak Obama) en el PNV,Patxi Zabaleta en Aralar...y un largo etcétera de políticos actuales, diversos y con agallas que han venido a dar el relevo a Nicolás Redondo,Mario Onaindía ,Mayor Oreja(a pesar de sus recientes desvaríos),Ardanza y al siempre admirado Juan Mari Bandrés.
Reproduzco un reportaje en el dominical de el Diario El País sobre el incombustible bilbaino Iñaqui Azcuna.Irradia temple,conciliación y sentido común.

ENTREVISTA: ENTREVISTA Iñaki Azkuna Alcalde de Bilbao
"Con ETA no tenemos futuro"
JUAN CRUZ Y JUAN MARI GASTACA 04/04/2010

Iñaki Azkuna es grande, apasionado; mueve las manos como si subiera la ría a nado; ríe a borbotones; cuando está preocupado, parece un levantador de pesas, confiado. Es el alcalde de Bilbao, del PNV, cargo al que optará por cuarta vez; tiene 67 años y lleva 11 en el cargo. Es lo que algunos llaman un verso suelto, o un bertsolari libre. Padece un cáncer, y lo arrostra como se defiende ante la vida: empujando. Esta conversación la hicimos unos días antes de que ETA alcanzara su última víctima, cerca de París. En la conversación, que tuvo lugar en su antedespacho municipal, en una especie de atmósfera unamuniana, habíamos hablado del suicidio que estaban cometiendo los terroristas. A ver qué dice la izquierda abertzale cuando se produzca esa próxima víctima. Se produjo, y entonces llamamos a Azkuna para que dijera algo sobre el silencio que siguió entre los que apoyan a ETA desde el lado político. Y dijo el alcalde: "La izquierda abertzale debe dejarse de circunloquios y decir de una santa vez si se desprende de ETA. La gente está suficientemente harta ya y espera una respuesta contundente". La conversación propiamente dicha había comenzado por él, por su salud.
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"Sigo conviviendo con el cáncer de próstata. Me ha enseñado a relativizar. Mi segunda oficina es el hospital de Basurto"
"Con ETA no tenemos futuro"
"Josu Jon Imaz habría sido un 'lehendakari' que ya hubiéramos visto si saca a Patxi López del Gobierno vasco"
"PSE y PP no tienen nada que ver y su pacto se entiende porque han sufrido los que más las tarascadas del terrorismo"
Pregunta. ¿Cómo está usted?
Respuesta. Estoy bien, pero con un cáncer. El cáncer, en contra de lo que cree la gente, no se ha curado, pero lo tengo muy bien controlado por los médicos, y, como decía el otro, si me dan veinte años, pues me conformo.
P. ¿Cómo afecta eso en la vida?
R. A mí me llamó el urólogo cuando estaba poniendo la primera piedra de la Escuela de Ingenieros: "Es un cáncer". Te puedes imaginar lo que eso me supuso. Al final te dices: por algún sitio tengo que ir, o vas por el cáncer o vas por los infartos. Y en esta vida perra, a mí me ha tocado el cáncer, soy de familia de cancerosos. Me ha tocado el de próstata. Qué quieren que les diga, estoy hasta contento. Lo que pasa es que tuve mala suerte y la terapia que me pusieron me fue mal, y hubo una complicación seria, que es la que me ha traído por la calle de la amargura tres o cuatro años. Así que he estado ahí con embajadores, en multitud de reuniones, y he tenido que ir con una sonda y en unas circunstancias verdaderamente penosas. Y he aguantado. Ahora mi calidad de vida ha mejorado. Pero tengo el cáncer; me siguen haciendo las pruebas, me controlan. Y yo digo, con más moral que el Alcoyano, que mi segunda oficina está en el hospital de Basurto. Hicimos algo bueno en la época de Ardanza [él fue consejero de Sanidad y de Presidencia en el Gobierno vasco desde 1989 hasta 1999], que fue dejar en el centro este hospital, de modo que estoy allí en doce minutos, saludo a la enfermera, saludo al médico, me miran en un momento y me dicen: "Alcalde, al Ayuntamiento, que aquí no pintas nada".
P. Esta dificultad tendrá que enseñar mucho, ¿no?
R. Sí, te enseña a relativizar muchas cosas. Hay algunos que hemos dicho que teníamos cáncer; lo dijo Serrat, lo dije yo... A mí me pareció de lo más normal decirlo, porque no quería que estuvieran cuchicheando por detrás, que te vean más pálido y digan: "Mira, se está muriendo". Un político se debe a sus ciudadanos, y los ciudadanos tienen que saber qué te pasa.
P. ¿Ese era su carácter, esa capacidad de aceptar que todo es relativo?
R. Siempre he tenido un carácter fuerte, optimista; siempre he sido genio y figura, no les voy a engañar. Pero la enfermedad te enseña muchas cosas. Para empezar, que nadie está vacunado ante nada. Te crees el rey del mambo, y puede venirte cualquier cosa. Soy médico, pero me he cuidado seguramente tan mal como todos. Yo me he concentrado en Bilbao, en el trabajo; ha sido una salida, y ese trabajo me ha ayudado mucho.
P. Le saludan por la calle, dice usted, los que no piensan como usted. Ahora hay una Administración que no piensa como usted, el Gobierno vasco...
R. El 95% de los bilbaínos siempre me ha saludado afectuosamente. Y no piensa como yo tanta gente. Y el 5% me ha atravesado con la mirada.
P. ¿Y cómo reacciona?
R. Con mucho temple y con mucho aguante, qué vas a hacer. Pero sé que hay un 5% que te mira con cara de odio; ellos creen que les he hecho algo... Ahora hay, como dicen ustedes, una fuerza que manda en el país y que no tienen nada que ver con mis ideas. Es verdad. Pero yo tengo buena relación con mucha gente del Gobierno, con unos más que con otros. En todo caso, con todos busco la buena relación, con todos.
P. ¿Con el lehendakari?
R. También, también. Cuando ha habido que criticarle, le he criticado, y una vez discutimos fuerte en el Guggenheim, por una cuestión relacionada con el Guggenheim Urdaibai.
P. Que usted recuerde una discusión con el lehendakari y que ésta sólo sea sobre el museo, parece un milagro...
R. No he tenido ocasión de discutir más con él. Y además, yo no pretendo discutir con el lehendakari, no tengo ningunas ganas. Ni está en mis intenciones ponerle palos en las ruedas. En todo caso, en aquella ocasión no llegó la sangre al río y la cosa fue educadísima e incluso en algún momento cordial. Bastantes problemas tiene él como para ponerle ninguna piedra en la rueda. Y bastantes problemas tengo yo. Así que vamos a respetarnos.
P. ¿Y cómo ve usted que se está haciendo esta transición entre un tiempo tan largo de gobierno nacionalista y esta coalición de poder no nacionalista?
R. Ha sido una coalición que a mí personalmente me ha costado comprenderla. Es difícil entender que en España las relaciones PP-PSOE sean tan tremendas y aquí se haya dado ese pacto. Más se entiende por la situación que han tenido ambos partidos en Euskadi; ha sido una situación complicada y difícil porque ETA se ha ensañado con ellos, es evidente. Eso ha hecho muchos compañeros de viaje, porque desde el punto de vista ideológico no tienen nada que ver el PSE y el PP, ni históricamente ni desde ningún punto de vista... Se entiende el pacto porque ellos han sufrido los que más las tarascadas del terrorismo. Y el terrorismo se ha ensañado con ellos, y eso, naturalmente, los ha hecho compañeros de viaje.
P. Y Lizarra los quiso apartar.
R. Lizarra para mí fue un error tal como se vendió y tal como se hizo. Yo estaba entonces en aquel Gobierno vasco, y nunca se tenía que haber roto. Y recuerdo perfectamente que los tres consejeros socialistas que había en el Gobierno vasco no estaban por la labor de salirse. Influyó una circunstancia adversa, que operaban de columna al lehendakari Ardanza. Si Ardanza, que es un hombre de temple, moderado, un hombre que pisa tierra, hubiera estado sano y salvo, no sé yo si habría ocurrido aquello. En todo caso, Lizarra era, en términos marxistas, aventurerismo. El final era bueno, que ETA deje de matar era bueno, pero tal como se hizo, arrumbando a los demás partidos, eso tiene un coste. Ahí se rompió la conexión PSOE-PNV, y a ello contribuyó la reacción a la manifestación tras el asesinato de Buesa. Buesa era un peso pesado del socialismo, había sido vicelehendakari. Aquello nos alejó muchísimo y dio origen a un desencanto. Aquello se tenía que haber recompuesto, pero todo se rompió y las consecuencias han sido malas porque el PSE y el PNV perdieron la confianza. Al final, en las últimas elecciones, el partido que perdió, el PP, fue el árbitro de la situación, y se ha producido esta unión que yo justifico aludiendo al error de Lizarra y al hecho cierto de que PP y PSOE han sido los que más han sido diezmados por ETA.
P. Da la impresión de que aquí se ha perdido mucho tiempo en busca de un objetivo simple, la paz.
R. Yo no sé si se ha perdido mucho tiempo, porque la historia de una sociedad es tan complicada y hay tantos factores... Yo creo que ha costado mucho a todo el mundo darse cuenta de la situación, que va desde aquella época en que morían tan sólo guardias civiles hasta una época siguiente en que podíamos morir cualquiera, hasta esta en que todo dios va con escolta... Desde aquella época en que escuchabas decir "algo habrá hecho" cuando moría un guardia civil... Algo ha pasado para que ahora lo que se diga, en todas partes, es que con ETA no tenemos ningún futuro y lo que le estamos pidiendo a la izquierda abertzale es que haga política, y que ahí hable de independencia, de lo que quiera, porque eso es posible. Siempre habrá unos irreductibles, pero creo que ha habido toda una evolución, que la sociedad vasca le ha dado una vuelta a la historia. Y hay gente que sigue siendo nacionalista, o independentista, o lo que sea, pero no quiere que funcione ETA porque ha demostrado que nos lleva al fracaso colectivo... Aralar es un ejemplo: fue valiente al dar un paso; son independentistas, son de izquierdas, pero han abjurado de la violencia, y eso para mí tiene mucho valor.
P. De esa valoración positiva de Aralar, leída en clave municipal, parece desprenderse que usted está pensando en las coaliciones posteriores a 2011...
R. No, no he empezado a pensar en las elecciones de 2011. ¡Todavía estoy pensando en cómo abro La Alhóndiga o cómo abro el Palacio de Deportes y cómo pongo en marcha los nuevos edificios de la trasera del Ayuntamiento! El cáncer me ha hecho trabajar a corto plazo, y 2011 es el largo plazo... Pero ya que me han tocado la fibra, siempre he dicho que si la izquierda abertzale, cuyo modelo de sociedad no tiene nada que ver con el mío, abjura alguna vez de ETA, rompe su cordón umbilical con la organización terrorista y se dedica a la política, entonces se podrá contar con ella. Podrá pactar con el PNV, con el PSOE...; con el PP lo veo más difícil de momento, pero nunca se sabe: desde aquel PP que conocí al principio hasta ahora fíjate si ha cambiado, ha cambiado una barbaridad...
P. ¿Para bien?
R. Se ha hecho más abierto. El PP no puede seguir siempre explicando a España la unidad de España, tendrá que entender las autonomías... El PP no aprobó el Estatuto de Gernika, creía que era un paso a la independencia y ahora es el más estatutario del mundo. ¡Cosas veredes, Mío Cid!
P. ¿Y es más fácil ahora convivir entre nacionalistas y no nacionalistas?
R. Yo creo que el País Vasco es muy plural; quizá haya un hálito nacionalista. Pero habrá que llegar al punto en que ese sea un sentimiento en medio de otros. Patxi López cumplirá cuatro años y vendrá otro, o seguirá él. Este país tiene que converger hacia la pacificación; habrá un nacionalismo, un socialismo, una izquierda abertzale, y una derecha española, una derecha de toda la vida, la que aquí existió siempre. En San Sebastián parecía que nunca iba a haber otra cosa que nacionalismo, y Odón Elorza lleva ahí veinte años. Donosti parecía abertzale, y ahí hay de todo: cuando iban los Reyes al palacio a pasar el veraneo, pues seguramente habría mucha gente que siendo monárquica de corazón también sería monárquica de interés.
P. Y había gente que recibía a Franco...
R. Y muchos son ahora demócratas de toda la vida.
P. Dijo en esta conversación que si Ardanza hubiera estado sano y salvo...
R. Es una tesis mía, ¿eh? Muy personal e intransferible. Nicolás Redondo [líder socialista entonces] les dijo a sus consejeros que se fueran del Gobierno. Si Ardanza está en pie, eso no se rompe.
P. Y vino Ibarretxe. ¿Qué supuso su idea con respecto al futuro de Euskadi?
R. La idea no era mala; su sustrato era legítimo. Y creo que lo pensó bien. Pero desde el punto de vista estratégico tuvo dos errores: no consensuar, y volver a intentarlo después del no del Congreso. Se judicializó el asunto y fue peor el remedio que la enfermedad. Por tanto, yo creo que el fondo era bueno, pero ese fondo sin acuerdos aquí en casa era imposible de llevarlo a cabo. Todo es posible, todo es posible, pero para eso hay que lograr complicidades, a las bravas no se puede hacer.
P. Ahora ha perdido el PNV, después de mucho tiempo de haber ganado. ¿Cómo se queda el partido?
R. Pero antes déjenme que les diga algo: a Ibarretxe le ha hecho mucho daño el que mucha gente y muchos partidos le hayan zumbado diciendo algo así que él no ha hecho nada por luchar contra ETA. Eso no es verdad: él y el consejero Balza lucharon contra ETA con las posibilidades que tenían. Por ahí no admito que el PNV no ha tenido las ideas claras. Quizá con las víctimas fuimos un poco fríos al principio, pero eso fue mejorando...
P. Volvamos a la pregunta: ¿cómo está el PNV?
R. Sacó 30 escaños, ganó las elecciones, perdió el Gobierno. Al PNV le ha pasado lo que a cualquiera le habría pasado, incluso a mí. Es legítimo ganar las elecciones y perder el Gobierno, pero cabrea. El PNV ha llegado ahora al momento en que ya debe olvidar esa circunstancia y hacer oposición. Que el PNV es posibilista, lo ha demostrado todos los días; ahí está apoyando los Presupuestos de Zapatero, hay que tener mucha moral para eso. Fue posibilista en la República, fue posibilista en la clandestinidad, y yo creo que está siendo posibilista en este momento... Tiene que hacer una oposición seria y leal al Gobierno de Patxi López. No tiene que ser una oposición de tierra quemada. E insisto que con respecto al Gobierno de España se está colaborando a pesar de la posición de Zapatero, que en este momento es desastrosa.
P. ¿Sigue hablando con Josu Jon Imaz? ¿Fue una pérdida?
R. No hablo mucho, porque no le veo mucho... Sí, naturalmente que fue una pérdida. Imaz era una cabeza extraordinaria, un hombre templado y tenía apoyos en el partido, pero fuera del partido tenía muchos apoyos también. Habría sido un lehendakari que ya hubiéramos visto si saca a Patxi López del Gobierno. Imaz habría arrastrado mucho voto de fuera del PNV. Pero es mi opinión, ¿eh? Igual es que yo soy un chalado y no digo más que tonterías.

jueves, 27 de agosto de 2009

HOMENAJE A JUAN MARI BANDRÉS Y MARIO ONAINDIA


Euskadiko Ezquerra de Mario Onaindia
EL PAÍS
"Hace 25 años EE se esforzó por aceptar las reglas de la democracia"
Esozi Leturiondo, viuda de Mario Onaindía y parlamentaria del PSE, recuerda la trayectoria del extinto partido Euskadiko Ezkerra.
Esta semana se celebra el III Memorial Mario o­naindia en Zarautz, la primera parte de los actos de conmemoración del 25º aniversario del nacimiento de Euskadiko Ezkerra en marzo de 1982. Amigos del dirigente vasco amplían este año el homenaje a la figura de Juan María Bandrés, aunque la familia de éste se ha negado a participar. Esozi Leturiondo (Soraluze, 1951), viuda de o­naindía y parlamentaria del PSE, recuerda la trayectoria del extinto partido.
Pregunta. Acometen esta semana la primera parte de los actos del 25 aniversario de EE.
Respuesta. Historiadores como Antonio Rivera, José Luis de la Granja, Antonio Elorza y el sociólogo Imanol Zubero, expondrán sus puntos de vista, favorables o críticos, a lo que significó EE. En marzo lo harán distintos políticos de la época.
P. Un cuarto de siglo es suficiente para hacer un balance de lo que aportó. ¿Cuál es el suyo?
R. Pienso que aportó el esfuerzo de unir la izquierda y, teniendo en cuenta de dónde veníamos, el esfuerzo de aceptar las instituciones y las reglas de juego de la democracia. Creo que estas dos características son las que más destacan.
P. Pasar de ser una organización armada y clandestina a convertirse en un partido institucional requeriría de un trabajo intensivo de convicción y persuasión.
R. Si, claro. Además EE era un partido bastante anárquico, que funcionaba mucho por las ideas y hacía constantes reuniones. Se debatía todo; a veces se llegaba a conclusiones y otras veces era imposible. Si algo le caracterizaba es que todo el mundo opinaba de todo y en cualquier sitio.
P. Hacer ese recorrido requirió de líderes carismáticos y con capacidad de arrastre como lo fueron Mario o­naindía y Juan María Bandrés.
R. Mario fue fundamental en todos los pasos que se dieron, porque él apostaba claramente por darle una oportunidad a la incipiente democracia que teníamos. Trabajó muchísimo estando con la gente, debatiendo y escribiendo. Juan Mari comunicaba las ideas como nadie, muchísimo mejor que Mario. Lo que había que contar lo contaba de forma perfecta. Se le echa de menos porque es el mejor comunicador que ha habido. Además, la labor institucional la bordaba, era brillante.
P. ¿Cree que EE se adelantó a su tiempo y por eso fracasó?
R. Eso no lo sé. Quiso hacer esa síntesis de dos mundos, el nacionalismo y la izquierda, que dudo que tengan un recorrido común, al menos como nosotros lo planteábamos. EE consiguió ciertos equilibrios: por un lado parecía que se estaba democratizando el nacionalismo y, por otro, la parte de la izquierda que venía del comunismo y era muy radical. Se suavizaron las dos posiciones, pero el desgaste derivado de las tensiones que se vivieron originó la ruptura final.
P. Ahora que asistimos a la evolución de la izquierda abertzale en la tarea de incorporarse a la democracia, ¿cómo ve usted este recorrido?
R. Creo que no es comparable. En EE los debates eran continuos, constantes y públicos, y había gente que exponía su desacuerdo en cualquier parte. Había otra frescura, otra naturalidad que aquí no veo, porque no se percibe debate interno ni posiciones distintas. No sé dónde acabará su recorrido, pero esperemos que sea donde más o menos comenzó EE.
P. Visto el fracaso final de la aventura de EE, ¿se puede deducir que no hay posibilidad de aunar las posiciones de izquierda y nacionalistas?
R. Tal y como está el nacionalismo ahora, no existe posibilidad alguna de que pueda entenderse con la izquierda. Hoy en día el nacionalismo tiene como objetivos la independencia y la unidad territorial, mientras se denomina autonomismo a todo lo que no es nacionalista. Este esquema no tiene ningún futuro desde el punto de vista de la izquierda.
P. Sin embargo, Batasuna se reclama de izquierdas.
R. Pero en su seno prima el nacionalismo, en el que siempre acaba imponiéndose esa especie de victimismo y esa tendencia antisistema, a pesar de los resortes que tiene de poder. Es indudable que [Batasuna] tiene un punto distinto para los temas sociales. donde es más fácil ponerse de acuerdo con quien tiene esa sensibilidad, pero en el fondo antepone el nacionalismo.
P. ¿Y qué aportó EE a la izquierda?
R. Cierta sensibilidad con la cultura vasca. El nacionalismo ha utilizado muchos símbolos, pero el más fuerte y el más potente, que es el euskera, no lo ha usado para integrar a la sociedad, sino para hacer una comunidad de pedigrí, de pata negra. La izquierda, y ahí incluyo al PSE, abandonó ese terreno con excesiva facilidad, cuando en realidad se trata de algo nuestro, que todos tenemos obligación defender. EE hizo mucho por la normalización del euskera y Fernando Buesa contó con su apoyo incondicional que le dió seguridad para acometer la publificación de las ikastolas, que tan importante ha sido.
P. ¿Cómo valora su experiencia en el Parlamento?
R. Me está costando un poco, porque tengo lagunas como el no saber de derecho y economía. Trabajo en las áreas de mujer, sanidad y educación, y he de que reconocer que, en materias como la de mujer, por ejemplo, se está avanzando por la implicación personal de Ibarretxe y ahí no tenemos grandes diferencias.EL PAÍS, 15/10/2006
NOTICIAS de GIPUZCOA

25 ANIVERSARIO de la legalización de EE
La generación 'polimili', 25 años después
Aunque comenzó a caminar años antes, estos días se cumple un cuarto de siglo desde que Euskadiko Ezkerra se constituyó formalmente como partido. Estas líneas tratan de rescatar un pedazo de la historia de la política vasca y bucear en las vidas de sus dirigentes
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Pamplona. ESTOS días se cumplen 25 años desde que los fundadores de la extinta Euskadiko Ezkerra-Izquierda para el Socialismo decidieron registrar como partido las siglas con las que concurrieron a las primeras elecciones legislativas convocadas por Suárez en 1977 y a las sucesivas citas electorales. Esta coalición aglutinó a un amplio colectivo de jóvenes que procedían de organizaciones antifranquistas surgidas de escisiones de ETA (EIA y EMK). Polimilis y comunistas vascos vieron en Euskadiko Ezkerra (EE) la vía idónea para dar sus primeros pasos en la senda institucional de la incipiente democracia.
Aquella generación de políticos jóvenes .–la mayoría no pasaba de los 25 años– protagonizaron desde las filas de EE una etapa importante de la historia reciente de Euskadi, desde finales de los 70 hasta principios de los 90. Momento en el que las dos almas de izquierda (la nacionalista de Garayalde y la socialista de Onaindia) que cohabitaban en el partido rompieron definitivamente. Hoy sólo queda del partido sus siglas junto a las del PSE. Sus militantes no sólo se incorporaron a las filas socialistas, en la actualidad a algunos de ellos los encontramos en el PNV. Otros optaron por alejarse de la política.
Un cuarto de siglo después, ¿qué ha sido de esta generación de políticos intelectuales? En estas líneas, NOTICIAS DE GIPUZKOA trata de actualizar el currículum vítae de los principales miembros del aparato y algunos de ellos se han prestado a compartir su experiencia personal en Euskadiko Ezkerra y lo que significó para ellos su paso por este partido, legalizado en marzo de 1982 tras varios años de reflexión.
PRIMERAS ELECCIONES (1977) EE se estrena en el Congreso
Exactamente, EE comenzó a caminar el 15 de junio de 1977. El Partido para la Revolución Vasca (EIA), el Movimiento Comunista de Euskadi (EMK) y otras fuerzas marxistas vascas se unen para presentar listas a las primeras elecciones legislativas en las circunscripciones de Gi-puzkoa, Álava y Bizkaia. La lista de EE por Gipuzkoa obtuvo un escaño en el Congreso de los Diputados para Francisco Letamendia Ortzi y otro en el Senado para Juan María Bandrés. Este salto a la vida política y legal era muy significativo, resalta el abogado Xabier Gurrutxaga, uno de los fundadores de EIA y posterior parlamentario de EE: "Suponía un sentimiento de "triunfo y victoria entre quienes luchamos por la derrota del franquismo".
Lo cierto es que a la vuelta de la esquina esperaban las grandes decisiones políticas que hoy constituyen las tan aludidas "reglas del juego democrático": la Constitución española y el Estatuto de Gernika.
La primera toma de posición de las formaciones coaligadas en EE fue respecto al texto preautonómico. El senador Bandrés lo apoyó el 12 de noviembre de 1977. Esta cuestión fue objeto de discrepancias. Mientras algunos entendieron que se estaba aceptando una autonomía limitada, otros consideraron la aprobación del preautonómico como la consolidación de la democracia.
1978 fue el año de la Constitución española. EE enmendó el texto constitucional y reclamó, por primera vez en la Cámara Baja, el derecho de autodeterminación. La coalición EE fue la única que se posicionó unánimemente en contra de la Carta Magna, el resto de formaciones nacionalistas vascas (PNV y HB) se abstuvieron.
Euskadiko Ezkerra también tuvo su papel en el proceso de negociación del Estatuto de Gernika. El tándem Garayalde-Onaindia formó parte, junto a dirigentes del PNV y el PSOE –ambos con mayor presencia institucional, evidentemente–, de la comisión que redactó el Estatuto. En aquellos momentos, planeaba la teoría de que con el Estatuto y la amnistía sí se ponía punto y final a la transición. "EE trató de responder a una época convulsa y se dio cuenta de que la amnistía general del 78 había que encauzarla en el camino de la política", explica el médico bilbaíno y ex parlamentario de EE, Roberto Lertxundi.
Esozi Leturiondo, viuda de Mario Onaindia y parlamentaria del PSE-EE, recuerda estos primeros años del partido de forma especial. Iniciada en las filas de EIA, militó más tarde en EE.
"Para mí fue fundamentalmente un proceso en el que me vacuné contra el fanatismo y aprendí a no ser sectaria. Teniendo en cuenta que veníamos de la lucha antifranquista, fue un camino en el que hubo una transformación en lo personal muy importante. Fue el descubrimiento de un estilo de hacer política donde lo importante eran las personas, las libertades personales por encima de todo tipo de colectividades, y donde la violencia política era completamente inadmisible", señala.
LA LEGALIZACIÓN DE EE (1981-1982) El fin de ETA-pm
Una transformación que desembocó en la disolución de ETA-pm. En una rueda de prensa a cara descubierta allá por el año 1981, sus dirigentes anuncian el abandono de la lucha armada. Éste fue, sin duda, uno de los principales puntos de inflexión en la historia de EE. "No se podía hacer un partido que aceptara las reglas democráticas y a la vez tuviera vinculación con una organización terrorista", argumenta Lertxundi, quien recuerda el día en que registró las siglas de EE como partido junto a Onaindia y Bandrés. Entre los días 19 y 22 de marzo de 1982 se celebró el I Congreso Constituyente de Euskadiko Ezkerra en el paraninfo de la Universidad de Leioa. Tras el Congreso, se celebró en Gallarta el acto de presentación del partido.
Xabier Gurrutxaga también cree que EE "democratizó" a ETA-pm, pero, a su juicio, fue otra la gran aportación de este partido: "Nosotros queríamos presentar a Euskadi una opción nueva a lo que ha sido tradicional en nuestro país. Ante un nacionalismo que daba la espalda a las ideas que venían de la izquierda y ante la izquierda que existía en aquel momento, que vivía de espaldas hacia la cuestión nacional, EE asumió como reto el hecho de que uno podía ser abertzale y pelear por los objetivos de la izquierda".
Gurrutxaga añade otra aportación que hoy puede visualizarse en el PNV: "Con la presencia de EE, el nacionalismo historicista se renovó. Ese nacionalismo evolucionó en un sentido más solidario y democrático hacia el interior del país".
Kepa Aulestia, militante de ETA-pm encarcelado en 1975, nombrado secretario general de EE diez años después y actualmente articulista del Grupo Vocento, recuerda su paso por este partido con distancia: "Yo creo que tanto por la edad, entonces tenía 25 años, como por las circunstancias de una transición que prácticamente terminaba o se daba por terminada, había un cierto ánimo militante y voluntarista que con el tiempo se va amortiguando y matizando".
Aulestia entiende que EE jugó un papel en representación de una parte de la sociedad vasca. Sin embargo, no cree que su existencia fuera "determinante". "Con el tiempo tiendes a relativizar la importancia de esa aportación. Uno no puede ser tan petulante y pensar que EE fue clave. Yo creo que casi todo hubiera sido como es, aunque no hubiera existido EE". Dicho esto, responde que "en absoluto reniega de su pasado". "Tengo un recuerdo muy grato. Estuve tan a gusto allí que de hecho me fue imposible estar a gusto en otra parte", afirma.
Los primeros años de EE como partido fueron liderados por Onaindia, figura determinante en la creación de EIA. Entre quienes le conocieron, destacan, que fue una persona "adelantada a su tiempo": "En el congreso constituyente de EE ya estaba pensando en la convergencia con el PSOE", dice un ex militante de EE. Garayalde se consideró el ideólogo en la sombra del partido y Bandrés el comunicador. Onaindia dejó la secretaría general del partido en 1985 y fue sustituido por Aulestia, que se movía en la órbita más nacionalista, liderada por Garayalde.
Entre 1986 y 1990, EE se presentó a las sucesivas citas electorales. Fue el periodo de alianzas con PNV, PSOE y EA en el Gobierno Vasco. "Siempre fuimos la segunda opción", recuerda Leturiondo. No obstante, destaca "el estilo particular de hacer política de EE; nos lo cuestionábamos todo, sólo admitíamos autoridad moral y eso nos daba un descaro y una frescura del que sabía que no iba a gobernar". "Fue un estupendo aprendizaje", concluye.
REVISIÓN DE PLANEAMIENTOS (1988) 'Sí' a la Constitución
Otro de los grandes hitos en la historia de EE se produjo en 1988, cuando el partido revisa su oposición frontal a la Constitución española manifestada en 1978. Kepa Aulestia, en aquel momento secretario general de EE, anuncia en una comparecencia de prensa un 'sí' "inequívoco" a la Carta Magna española.
Veinticinco años después, el propio Aulestia lo recuerda como un momento "clave", en el que "de alguna manera, los que estábamos en la dirección quisimos hacer ver que merecía la pena revisar nuestro propio comportamiento del pasado, que también la Constitución como norma básica merecía un tratamiento distinto al que le habíamos dado y que había que valorarlo con una cierta perspectiva histórica y ser capaces de formular, si no como una autocrítica explícita, sí como una revisión de nuestra actitud".
Recuerda que esta decisión fue "muy rápida" y asumida "previamente por la ejecutiva" sin un debate "más reposado", pero "necesaria".
DISOLUCIÓN DEL PARTIDO (1990-1992) Las dos caras de la moneda
El declive de EE fue rápido. El fracaso electoral de 1990 fue determinante, aunque existen otros factores de fondo que contribuyeron a que el partido se disolviera en su último Congreso. En éste, floreció la personalidad de cada una de las dos almas que cohabitaron hasta ese momento durante la existencia del partido.
Las dos posiciones se plasmaron en dos ponencias: Auñamendi, defendida por Javier Garayalde, Kepa Aulestia, Xabier Gurrutxaga y Martin Auzmendi, entre otros, y Renovación Democrática, de Mario Onaindia, Juan María Bandrés, Roberto Lertxundi, Jon Larrinaga o Xabier Markiegi. Ganó la segunda, que apostaba por una convergencia con el PSOE. De la primera surgió Euskal Ezkerra (EUE), que más tardó formó coalición con EA, pero apenas tuvo recorrido
Pese a que todas las personas, que han querido rescatar en este reportaje un pedazo de la historia de la política vasca, coinciden en que su paso por EE fue una experiencia muy "grata", existen diferentes opiniones sobre los últimos días de este partido. Todos admiten que había un alma nacionalista y otro socialista. Para Roberto Lertxundi, "los minoritarios fueron abandonando el partido", mientras que Xabier Gurrutxaga recuerda que "no hubo un final pacífico": "Hubo una fuerte disputa interna. Las discrepancias se resolvieron con expulsiones. Uno no puede olvidar que una mitad expulsó a la otra mitad".
Sea como fuere, todos coinciden en que fue un ejemplo de esfuerzo por unir a toda la izquierda del país, nacionalista y no nacionalista. Hoy, muchos están afiliados al PSE-EE, otros los encontramos en el PNV y otros tantos eligieron alejarse de la práctica política. >Jone G. Lurgain
Reencuentro en Gallarta Ex militantes de Euskadiko Ezkerra de toda la geografía vasca se reencontraron ayer en el barrio Las Carreras en Gallarta (Bizkaia), la misma localidad minera en la que el Partido para la Revolución Vasca (EIA) .–que más tarde adoptó las siglas de EE– se presentó ante el pueblo vasco el 7 de abril de 1977. Años más tarde, en 1982, esta misma localidad acogió el acto de presentación, como partido, de Euskadiko Ezkerra-Izquierda para el Socialismo. Coincidencia o no, 25 años después, muchos de los que militaron y dirigieron aquel "experimento" político –como lo definen algunos– se reunieron otra vez en Gallarta para compartir mesa. La comida estuvo precedida de una charla que tuvo lugar el viernes, ambas dentro de los actos conmemorativos del 25 aniversario del nacimiento de EE y del III Memorial Mario Onaindia.